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2025: sostenibilidad bajo presión. Cómo recuperar el rumbo hacia una economía circular posible

El año 2023 dejó sensaciones positivas. Las empresas aumentaron sus compromisos climáticos, los gobiernos consolidaron alianzas internacionales y se habló, como nunca antes, de economía circular y resiliencia territorial. La economía circular se posicionó no solo como una estrategia medioambiental, sino como un modelo regenerativo capaz de impulsar empleos verdes, reducir la dependencia de materias primas y revalorizar el entorno construido. Sin embargo, 2024 y los primeros meses de 2025 han traído una realidad muy diferente: la sostenibilidad ha pasado de ser prioridad estratégica a quedar en segundo plano, y en algunos casos, ha sido directamente cuestionada.

Cuando el impulso no basta

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, el mensaje —aunque no siempre acompañado de decisiones empresariales estructurales— ha sido claro: recorte de apoyos a las políticas climáticas, desregulación ambiental y repliegue sobre intereses nacionales.

Este viraje político tiene implicaciones globales, debilitando el compromiso multilateral y fomentando una narrativa que contrapone competitividad económica y transición ecológica.

Señales del retroceso: cuando los datos hablan

Los indicadores del retroceso son múltiples. Según el Circularity Gap Report, solo el 7,2% de los materiales que entraron en la economía mundial en 2023 fueron secundarios, frente al 9,1% en 2018. Instituciones financieras como Goldman Sachs o Citigroup abandonaron la Net-Zero Banking Alliance, debilitando uno de los compromisos colectivos más ambiciosos del sector bancario. Y, además, siete de las diez principales economías del mundo no entregaron a tiempo sus planes climáticos actualizados ante Naciones Unidas.

Este cambio de rumbo no se debe únicamente a decisiones políticas, sino también a factores estructurales y económicos. La incertidumbre geopolítica, la inflación y la necesidad urgente de proteger la competitividad a corto plazo han llevado a muchos gobiernos y empresas a priorizar medidas inmediatas en detrimento de transformaciones profundas.

Economía circular: ¿utopía verde o estrategia de resiliencia?

En este contexto, hablar de economía circular puede parecer idealista. Pero desde muchas organizaciones, se insiste en su carácter estratégico. Una de las voces más relevantes es la de Jonquil Hackenberg, actual CEO de la Fundación Ellen MacArthur, una de las entidades más influyentes a nivel global en economía circular.

La fundación, creada en 2010 por la regatista británica Ellen MacArthur, promueve un modelo de desarrollo que elimine el concepto de residuo, regenere los ecosistemas naturales y mantenga los materiales en uso el mayor tiempo posible. Ha colaborado con empresas como Unilever, IKEA, Google o Danone, y sus informes y alianzas han servido de guía para gobiernos, ciudades y sectores productivos.

En una reciente entrevista publicada por Fast Company, Hackenberg lo expresa con firmeza:

“La política va y viene, pero los hechos respaldan que estamos raspando los límites del planeta. Eliminar los residuos de nuestras calles y nuestros océanos no es un tema partidista.”

La fundación no solo trabaja en el plano teórico. Su Big Food Redesign Challenge, por ejemplo, ha implicado a más de 50 organizaciones —incluidas Nestlé o Waitrose & Partners— en el rediseño de productos alimentarios aplicando principios de agricultura regenerativa y circularidad. Para Hackenberg, el mensaje es claro: la circularidad no es solo una herramienta ambiental, sino una solución a los retos de seguridad de materiales, resiliencia de la cadena de suministro y generación de valor local.

“La economía circular no debe entenderse únicamente como una opción ambiental. En un mundo cada vez más polarizado y con escasez creciente de recursos críticos, es una estrategia de supervivencia, soberanía y competitividad.”

Circularidad posible: del ideal al pragmatismo

A la vista del panorama, resulta evidente que no basta con apelar al largo plazo. Las soluciones deben aterrizarse. Y para ello es necesario redefinir la economía circular como una estrategia de seguridad económica y territorial, no como un concepto verde desligado del tejido productivo real.

Apostar por una Circularidad Km0, con soluciones locales que reduzcan la dependencia de insumos globales y aprovechen recursos, capacidades y materiales del entorno. Integrar la sostenibilidad en los procesos de inversión, no como filantropía sino como gestión inteligente del riesgo financiero y regulatorio. Diseñar regulaciones realistas, medibles y escalables, alejadas del idealismo que termina bloqueando avances concretos.

Y, por último, fortalecer el papel de una ciudadanía crítica y exigente, que pida resultados y penalice el greenwashing.

El papel del sector inmobiliario: transformar desde lo posible

En UVE Green creemos que el sector inmobiliario tiene una oportunidad real de liderar esta transformación desde la acción concreta. No desde la perfección, sino desde la coherencia técnica, la integración progresiva y la medición rigurosa del impacto.

Esto implica aplicar criterios de circularidad tanto en rehabilitación como en obra nueva, incorporar pasaportes digitales que documenten materiales y garanticen su trazabilidad, e integrar evaluaciones de sostenibilidad bajo metodologías reconocidas como BREEAM, LEED o WELL.

Asimismo, es esencial formar a técnicos y gestores en economía circular aplicada al entorno construido, así como diseñar portafolios más resilientes, energéticamente eficientes y adaptados a los recursos del contexto local. Todo ello no solo contribuye a mitigar el impacto ambiental del sector, sino que también fortalece la competitividad y la sostenibilidad financiera de los activos a medio y largo plazo.

Avanzar, aunque no sea perfecto

El año 2025 nos exige una mirada más crítica, más realista y más operativa. No podemos ignorar el retroceso. Pero tampoco caer en el inmovilismo. Adaptar el rumbo no es rendirse: es responder con inteligencia al nuevo tablero geopolítico y económico.

Desde UVE Valoraciones y UVE Green, seguiremos acompañando a nuestros clientes en la conversión hacia una industria inmobiliaria más responsable con las personas y con el entorno. No porque sea fácil, sino porque es lo único sostenible a medio y largo plazo.

También puedes leer nuestro análisis sobre movilidad urbana sostenible.

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